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Foto: Trinchera Sur.

Violencia contra activistas por el aborto: ¿pro vida? 

Por Agustina Frontera en El Cohete a la LunaA un grupo de mujeres que festejaba en Jujuy la media sanción del proyecto de Interrupción voluntaria del embarazo las castigaron con un baldazo de agua hirviendo. A los pocos días, en La Matanza, Gabriela Guerreros, pastora pentecostal que expuso en las audiencias informativas en Diputados, fue amenazada e insultada: “Abortista y asesina. Feminazi”, le dijeron. En otro municipio bonaerense un grupo de tres varones tiró del colectivo a una joven de 20 años. Le dijeron “lesbiana y asesina” por llevar el pañuelo verde. La respuesta violenta ante el crecimiento de la adhesión a la causa por la legalización del aborto, expresada en la multiplicación de los pañuelos verdes, recorre el país de un punto al otro. El brote de violencia en la calle, en escuelas y en las redes va de la mano de los discursos criminalizadores de instituciones médicas, religiosas y políticos.

En Mendoza tres mujeres feministas, activistas por el aborto legal, fueron atacadas por dos vecinas del barrio: “Chilena, puta y abortera”, le gritó el 29 de junio a Alicia Maldonado una mujer que milita “las dos vidas” en el Barrio Cano de la ciudad de Mendoza. “Golpearon la puerta de mi casa a las patadas, abrí y era una vecina que es ‘pro-vida’, y que permanentemente me venía hostigando por ser chilena; además es una persona conservadora vinculada a la fuerza policial a través de su marido”, relata Alicia.

Alicia Maldonado es referente del barrio y junto a sus compañeras organizan una feria feminista llamada “Feria AmeriCano”, que cuenta con un comedor, espacio de talleres y asesoría jurídica a víctimas de situaciones de violencia. Luego del atentado, Maldonado y sus compañeras, fueron a hacer la denuncia a la fiscalía que funciona dentro de la Comisaría 6ta del Barrio Cano. “Cuando fui a la comisaría, las ‘pro-vida’ me dieron una golpiza. Me agarraron a patadas en el suelo y además golpearon a Florencia Urzúa y Camila Randis. Hacemos hincapié en la violencia institucional y la colaboración de la policía”. El grito de guerra era reiterativo: “Puta, usurpadora, chilena, abortera”.

Las agresoras son conocidas en el barrio por ser “‘pro-vida’ fanáticas”, según cuentan las agredidas. Una de ellas, cuyo marido es policía provincial, en sus redes sociales muestra simpatía por Elisa Carrió, los programas de Jorge Lanata y comparte material difamatorio sobre la vida de Laura Carlotto, la hija de Estela de Carlotto aún desaparecida.

Según Maldonado se trata de una nueva “caza de brujas”. Según ella se castiga la transgresión a los principios del machismo, su condición migrante y el trabajo militante de la organización feminista territorial que tiene sede en el Barrio Cano.

En Córdoba un efectivo policial amenazó con “hacer puntería sobre pañuelos verdes” y fue echado. En La Rioja, un médico anestesista del Hospital de la Madre y el Niño amenazó con torturar mujeres: “En mi guardia los abortos se harán sin anestesia”, expresó. Otro médico amenazó con “moler a palos” a las que quieran abortar. El primero fue apartado de su cargo por la Ministra de Salud de esa provincia y el segundo recibió la respuesta de la Multisectorial de Mujeres: “Vamos a seguir hasta que se apruebe la ley sin dilaciones y sin modificaciones. Estamos decididas a denunciar a cada institución que se niegue a aplicar la norma”.

En Cipolleti, provincia de Río Negro, un grupo de adolescentes esperaba el colectivo en una plaza central apenas entrada la noche. Una de ellas llevaba el pañuelo verde atado en la mochila. Una mujer mayor se acercó y las insulto. “Putas. ¿Por qué no se cuidan con anticonceptivos?”, les gritó. “No son 100% confiables”, respondió la chica. Descolocada por la respuesta, la mujer se abalanzó para pegarle con el bastón.

Jimena Barón, cantante que participó del festival y vigilia del 13J en Buenos Aires, recibió amenazas de muerte contra ella y su hijo en redes sociales. Un ensañamiento con las mujeres jóvenes recorre los discursos que se vierten en redes sociales, en la calle, en las escuelas. Estar a favor de la legalización de la práctica abortiva se asocia automáticamente con la libertad sexual y el delito: “Puta, lesbiana, asesina”, son los insultos más frecuentes. Al momento las agresiones son casos aislados pero su reiteración preocupa. ¿Qué habilita la violencia? ¿El discurso de odio es legitimado por expresiones públicas de la jerarquía católica, de referentes del poder político con omnipresencia mediática?

“El siglo pasado todo el mundo estaba escandalizado por lo que hacían los nazis para cuidar la pureza de la raza. Hoy hacemos lo mismo pero con guantes blancos”, dijo dos días después de la votación en Diputados el papa Francisco frente el Foro de Asociaciones Familiares. Cuando se cuestiona esa declaración los voceros papales responden que no se refería al aborto sino a la eugenesia por deformidades. Sutilezas de la guerra de Dios que se pierden en la refriega callejera.

En Carupá, San Fernando, una adolescente fue golpeada por dos varones. En el suelo, mientras escupía sangre, la patearon en el vientre y le dijeron: “Dale, abortá feminista de mierda”.

En otra localidad bonaerense una mujer joven iba caminando por la calle y un grupo de varones le gritó: “Asesina, ¿por qué no te morís vos?” Le tironearon el pañuelo verde e intentaron golpearla, pero logró escapar. Lo mismo ocurrió a pocos kilómetros de allí, cuando una niña de 14 años fue atacada por varones por tener el pañuelo verde en su mochila.

En Orán, Salta, por fuera de la institución, posteó en su Facebook personal la foto de una adolescente con el pañuelo de la Campaña amenazada por una mano que porta un arma y un rosario negro.

Las agresiones en las escuelas se volvieron sistemáticas en algunos establecimientos. La prohibición de portar el pañuelo, la reprimenda individual o colectiva o la entrega de pañuelos celestes se suman a la histórica resistencia de algunas instituciones religiosas de brindar los contenidos de la Educación Sexual Integral. Según un recuento organizado por periodistas feministas:

  • En la Escuela Perito Moreno de San Martín, en el Conurbano bonaerense, algunas estudiantes usaban el pañuelo verde en sus mochilas y fueron increpadas por una docente. En el Colegio Nuestra Señora de Fátima, en Castelar, Morón, el sacerdote Hernán Ustariz amenazó con la expulsión a un grupo de estudiantes mujeres que para el Día de la Bandera exhibieron distintivos verdes para exigir que la institución les brinde Educación Sexual Integral.
  • En la Escuela Secundaria Glaciar Perito Moreno, del Barrio Frino en José C. Paz, les prohíben usar los pañuelos a estudiantes. Alegan que está por fuera del uniforme.
  • En la Escuela Monseñor Terrero de San Miguel, según una estudiante, durante la formación “el vicedirector dijo recemos para que no se apruebe esta ley asesina. Luego se dirigió a un curso y dijo si están a favor del aborto se van a ir al infierno“.
  • En la Escuela Nuestra Señora de Fátima de Del Viso, Pilar les ofrecen los pañuelos celestes a lxs estudiantes. Les dan charlas anti aborto legal y no permiten que lxs estudiantes que están a favor de la legalización opinen.
  • En la Escuela Cristo Rey de José C Paz las estudiantes organizaron un pañuelazo en repudio a las autoridades de la escuela, por haberles sacado el pañuelo a varias. Fueron obligadas a suspender la actividad con amenaza de ser sancionadas.

A una agresión que se vuelve sistémica, un conjunto de organizaciones estudiantiles y el CELS respondieron con un comunicado en el que declaran: “El uso del pañuelo verde de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito se volvió un símbolo de este proceso de lucha, pero también la excusa por el cual los directivos persiguieron a lxs estudiantes. Esto atenta contra la libertad de conciencia y expresión de las niñas, niños y adolescentes en la Argentina y exige la intervención inmediata de las autoridades nacionales y provinciales”.

Los atentados violentos contra activistas a favor de la legalización del aborto funcionan como disciplinamiento. Portar el pañuelo verde podría ser una provocación y un estigma. Ser mujeres y jóvenes ya convertía a las adolescentes en presas para el machismo más violento, la insignia verde directamente habilita el maltrato.

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