Jorge “El Tigre” Acosta y Ricardo Miguel Cavallo.

Tras cinco años de audiencias, termina el megajuicio ESMA III

El juicio ESMA III empezó hace cinco años. Abarca 789 víctimas y tiene hoy 54 de los 68 acusados inicialmente, porque 14 de ellos murieron. La fiscalía pidió perpetuas para 52 de los imputados.

Se trata el juicio más importante de la historia del país por el número de víctimas, por el número de imputados y por las dimensiones de los crímenes en juego. Analizó el funcionamiento del centro clandestino de la Armada durante todo el período represivo 1976-1983 y revisó por primera vez mecánica y responsabilidades de los vuelos de la muerte con una reconstrucción sin precedentes de la burocracia de la Armada destinada al abastecimiento de aeronaves y tripulantes para el exterminio.

También revisó el rol de los medios de comunicación que contribuyeron a construir la figura del enemigo interno, al describir a las víctimas como “subversivas” o “extremistas terroristas” o muertas en enfrentamientos fraguados. Por este aspecto, la fiscalía pidió que la sentencia incluya pedidos de rectificación a los medios gráficos como parte del derecho a la reparación y verdad de las víctimas.

“Este juicio ha significado un enorme paso en la conciencia de nuestro pueblo”, dice Carlos Loza, uno de los sobrevivientes. “La enorme cantidad de casos e imputados mostró el sentido de la represión sobre colectivos populares organizados y opositores a la dictadura cívico-militar. Por eso decimos que es un genocidio y que no tuvo nada de improvisado. La condena social de los represores ya forma parte de nuestro patrimonio histórico. Nos queda que la justicia condene a los genocidas y el reconocimiento de los vuelos como forma de ocultar sus crímenes”.

Carlos Muñoz, otro de los sobrevivientes, pone en contexto el final del proceso. “Este es el juicio más grande de la historia del país, pero eso que arrancamos con mucha expectativa hace cinco años se fue haciendo otra cosa. Cambió la situación política y hoy es paradójico, porque los derechos humanos están en riesgo, la democracia tiene una fragilidad espantosa y los genocidas pueden gozar de prisión domiciliaria y algunos de libertad. Entonces, las expectativas están, pero en estas condiciones. Yo espero que se cumpla la ley, vayan a perpetua los responsables, espero cárcel común y por las madres, los hijos y fundamentalmente los compañeros desaparecidos, que se haga justicia”.

Entre los 54 imputados que escucharán la sentencia hay caras conocidas como el Tigre Acosta, Ricardo Cavallo y Alfredo Astiz, que en sus últimas palabras volvió a reivindicar el exterminio. Hay otras caras nada conocidas fuera del centro clandestino. De hecho, 38 de los 54 acusados escucharán una sentencia por primera vez.

Gran parte de ellos formó parte de los grupos operativos de la ESMA que actuaron desde fines de 1978, el momento de pérdida de poder del Grupo de Tareas de Jacinto Chamorro y del Tigre Acosta, cuando el centro clandestino quedó bajo el control de la Jefatura de Inteligencia Naval y del Servicio de Inteligencia Naval (JEIN). La reconstrucción de ese segundo momento de la ESMA con su estructura, objetivos y operaciones también fue parte de los aportes del juicio: 23 de los 54 imputados formaron parte del JEIN. Y el tercer grupo de acusados son 5 de los 54, imputados por los vuelos de la muerte.

El Ministerio Público Fiscal logró reconstruir en el debate la arquitectura burocrática que proveyó de aviones y de tripulantes a los traslados a partir de análisis de documentación del ministerio de Defensa y el de Seguridad. Esa articulación mostró el rol del Comando de Operaciones Navales en la cúspide de la estructura de la Armada, que se encargó de la provisión y distribución de aviones, barcos y soldados. El juicio mostró que los aviones y helicópteros que se usaron dependían de dos estructuras: la División de Aviación de Prefectura (DAVI), con los Skyvan, y el Comando de Aviación Naval de la Armada (COAN), con los Electra, DC3 y las escuadrillas de helicópteros. Allí revistaban los cinco imputados del juicio: Julio Poch, Emir Sisul Hess y Ricardo Ormello (COAN) y Mario Daniel Arrú y Alejandro Domingo D’Agostino (DAVI).

Pero el juicio no sólo fueron aportes y pruebas. También fue reparación. En estos años declararon por primera vez mujeres como las hermanas Salvatierra, que vivieron aterradas durante cuarenta años dentro de sus casas. Hijas que dieron testimonio por primera vez sobre el secuestro de sus padres o sus propios cautiverios, como María Eva Basterra, secuestrada durante una semana con su padre a los seis meses de nacer. También testimoniaron sobrevivientes mujeres que por primera vez hablaron en nombre propio y no como esposas de, como Andrea Bello. Y mujeres como Adriana Suzal que se animaron a denunciar lo que les había pasado sólo después de 40 años.

“Agradezco a los juicios y en ellos la habilitación de la palabra porque todo el tiempo se me presentaba una idea: ¿qué puedo decir yo?”, dice Adriana, secuestrada en la ESMA un sólo día, entre el 7 y 8 de octubre de 1976, a los 19 años. Era estudiante de psicología en la Universidad de Belgrano, nunca había declarado y sólo se acercó a hacer su denuncia después de 2004. “Cuando estuve detenida me hacen llamar a mi casa para decir que estaba bien y que estaba con mi novio. Por eso, cada día que mis hijos me llamaban para decirme: mamá vuelvo más tarde o no vuelvo, se me hacía un puente directo a la ESMA. ¿Será verdad? ¿Estarán bien? A partir de los juicios comienza a haber un cambio enorme. Haber aportado a la verdad fue un cambio muy grande, pero también lo es para toda la sociedad”.

Andrea Bello fue secuestrada entre el 6 de diciembre de 1978 y septiembre de 1979, tenía 20 años, se la llevaron de un bar en la esquina de Varela y avenida Del Trabajo en Flores con su esposo Lázaro Gladstein. Andrea declaró en ESMA I y ESMA II, pero recién en ESMA III declaró escindida de su condición de “esposa”. “Hasta el juicio anterior muchas de nosotras sólo declaramos como ‘mujeres de’, recién en este juicio yo aparezco en nombre propio. Lo que siento en este momento frente al final es una desazón absoluta. Aún no están los resultados, pero me pregunto si todo lo que escuchamos durante estos cinco años no sirvió para condenas ejemplares, no sé como dormirán los jueces”.

Con Página|12. Nota completa acá

x

Tal vez te interese

Declaración del Colectivo Nacional Mario Bosch: Rechazan la negación del gobierno nacional del genocidio

El Colectivo de abogados y abogadas querellantes en causas de Lesa Humanidad, reunidos en las VI Jornadas Nacionales en la ciudad ...

A %d blogueros les gusta esto: