Juan Namuncurá, Eduardo Valdés, Mario Cafiero y Juan Grabois junto a representantes de la comunidad mapuche.

El Papa se reunió con Grabois, Cafiero, Valdés y Namuncurá

Apenas habían pasado unos minutos desde que finalizó la misa presidida por Francisco en el aeródromo de Maquehue, en Temuco. Fue un acto multitudinario y a la vez emotivo. La agenda pontificia no da tregua, pero Bergoglio había decidido de antemano que en Temuco haría un lugar para un encuentro, así sea breve, con argentinos a los que él quería ver personalmente y escucharlos así fuese unos minutos. El lugar fue… una habitación próxima al altar levantado en el aeropuerto y elegida como “sacristía” para la ocasión. Quizás uno de los pocos espacios de intimidad en medio de la agitación de la multitud, el ámbito reservado para que Francisco se despojara de sus ornamentos religiosos y volviera a dejar al descubierto la sotana blanca que lo distingue desde que fue elegido como pontífice. Hasta ahí pidió el Papa que le acercaran a estos argentinos con los que quería hablar y estrecharse en un saludo afectuoso.

El primero en ingresar fue Juan Grabois, dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), que llegó hasta Temuco formando parte de una caravana de militantes y dirigentes sociales argentinos que quisieron participar del acto masivo en la ciudad sureña de Chile. Fue un diálogo privado, entre viejos conocidos. Quienes lo pudieron observar a prudente distancia dan cuenta de la cordialidad del intercambio expresada en la gestualidad de ambos interlocutores.

Después llegó el turno a un segundo grupo más heterogéneo. Estaba integrado por Mario Cafiero, Eduardo Valdés (ex embajador argentino ante la Santa Sede y dirigente político de estrecha relación con el Papa) y Juan Namuncurá, quien   reconoce como su tío bisabuelo al   beato Ceferino Namuncurá (1886-1905), un mestizo nacido en Chimpay (provincia de Río Negro) y elevado por la Iglesia a los altares. Por invitación de los argentinos a este grupo se sumó Juan Carlos Reinao Marilao, un chileno, médico, político y dirigente mapuche, quien desde 2017 es alcalde de la comuna de Renaico y presidente de la Asociación de Municipalidades chilenas con Alcaldes Mapuche. Otro encuentro también breve, intenso, cordial y sustancioso.

La generación de esta reunión fuera de agenda necesita de la presentación de algunos antecedentes que le dan razón de ser.

Hace unos meses, en conocimiento de la visita de Francisco a territorio chileno, Juan Namuncura decidió escribirle una carta al Papa. Mario Cafiero y Eduardo Valdés sirvieron de facilitadores para que la misiva de casi cuatro páginas llegara a buen destino.

“Francisco querido y respetado. Soy Juan Namuncura, me preceden las acciones de mis antepasados; el más nombrado y amado de los últimos tiempos mi tío bisabuelo Ceferino, o Zapherino, nuestro Pequeño Zafiro” comienza el texto que fue leído por el Papa. Y de inmediato se explicaba el propósito: “deseo ser ‘un puente para sus hermanos’, que en lo personal y como consecuencia de los tiempos, no solamente sus hermanos son los que en su momento habitaban las comunidades, hoy popularmente llamadas mapuche, sino toda la sociedad”.

En su carta, Juan Namuncura no se arroga para si ninguna representación particular, tanto de la comunidad mapuche como de cualquier otra organización social o política. Se limita a recoger rasgos esenciales de la historia de su familia resaltando su condición de “hijos de estas tierras”, dado que “el concepto de mestizo no es propio de los pueblos originarios” entendiendo que “lo que Dios une, el hombre no debe desunir”. Y recordando como Huante Cura, bisabuelo de Ceferino, se unió con sus hombres al general José de San Martin, “no solamente por la comunión en el proyecto” sino “por la búsqueda de concretar tal vez el origen de una nueva sociedad que empezaba a aparecer y a expresarse en nuestro continente, muy diferente en conceptos sociales a lo vivido hasta el momento en Europa”.

Bergoglio leyó con atención el relato que también recuerda que el abuelo de Ceferino, Juan Kallfukura, “participó activamente de toda la gran epopeya andina”, desarrolló una fuerte actividad política en favor de “esclavos, gauchos, refugiados, marginados y perseguidos” y realizó “acciones muy fuertes defensivas, cuando las comunidades fueron atacadas por los mercenarios llegados de Europa, contratados por la indignidad, para la concreción del genocidio y sometimiento de los pueblos Originarios”. En la carta también se hace mención de Manuel Namuncura, padre de Ceferino, y de ambos como artífices de un período “de otoño”, al que siguió hasta el día de hoy, “enorme cantidad de abusos y de ruptura de compromisos, reconocimientos y leyes dictadas”. Resultado de lo cual se habilitó “la venta fraudulenta de los territorios asignados” y todo tipo de atropellos y abusos contra las comunidades.

En su extensa carta Juan Namuncura le planteó al Papa su deseo de seguir “el legado y compromiso de mi linaje familiar” buscando, junto “con un grupo pequeño de hermanos (…) nuevos caminos y puentes, basado en la paz y en la armonía” centrados en el concepto de la “democratización de los pueblos originarios”. Léase: “la participación de los pueblos originarios desde un punto de vista democrático, en las cámaras de diputados, senadores, etc. … donde creemos que podemos modificar caminos equivocados, en paz y consenso de todas partes”. Para ello, le dijo Namuncura a Francisco, desde hace treinta años se han realizado acciones y se creó un movimiento social intercultural llamado “Pueblos de la Madre Tierra” con “fines de participación de las diferentes sociedades originarias y no originarias, desde un punto de vista político para acceder a las cámaras de diputados y senadores”. En la Argentina, pero con la pretensión de “empezar un nuevo camino con significancia y ejemplo planetario”. Y le pidió al Papa su apoyo para avanzar en la idea.

Después de leer la propuesta Bergoglio le envió a Namuncura una invitación para encontrarse en Chile y dialogar personalmente sobre estas cuestiones, por fuera de la agenda oficial.

Ese fue el tema del diálogo en la improvisada sacristía de Maquehue. En contacto con PáginaI12 Namuncura calificó el diálogo como “muy concreto y profundo”, si bien no precisó los términos del intercambio. Se manifestó sorprendido también por la manera como el Papa recordaba detalles de la carta que le remitió y subrayó, de manera particular, la manera como Francisco retomó algunos de los temas y de las expresiones en la homilía que había pronunciado minutos antes. “Me admiró -dijo Namuncura- la enorme rapidez intelectual de Francisco”, de quien espera recibir apoyo para su iniciativa y con quien seguirá en contacto en adelante para avanzar en las conversaciones iniciadas en Temuco.

Por Washington Utanga en Página|12

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