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Maestrxs jujeñxs: las luchas de las memorias 

Yarará JujuySus voces vienen del pasado. Reclaman justicia. Eran maestrxs que trabajaron en escuelas de Jujuy. Trabajaron para los trabajadores. Militaron en partidos políticos que querían cambiar la vida. Dieron sus vidas por el sueño de la revolución.

Hoy, algunos militantes recuerdan la vida de Marina, la gran secretaria general de la Asociación de Educadores Provinciales (ADEP). Pero casi nadie conoce las historias de Dominga, militante en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP); Jaime, artista plástico y vocal de cultura de ADEP y Alicia que enseñaba en El Talar, un lugar que está cerca del límite con Salta.

Cada 16 setiembre muchos conmemoran la Noche de los Lápices, como la máxima barbarie cometida contra la comunidad educativa. Rememorar este hecho es algo saludable, pero dejar de lado las historias locales es una herida a nuestras subjetividades. ¿Por qué ocurre esto? Porque ni los radicales ni los peronistas que entraron en la escena política de la posdictadura hicieron una revisión profunda de lo sucedido en nuestra provincia en aquellos años de plomo. Por otro lado, el film de Héctor Olivera que apareció en 1986 transformó el secuestro y desaparición de estos jóvenes en memoria central y dejó de lado otras memorias. No es un dato menor que, en el retorno democrático, la política de los organismos de DDHH enfatizaba los rasgos de “inocencia” de las víctimas. Y, si esas víctimas eran presentadas como adolescentes que sólo reclamaban por un boleto estudiantil, parecía que la denuncia era más fuerte.

Hoy, gracias a los trabajos de memorias, sabemos que los estudiantes estaban altamente politizados y soñaban con la revolución. No sabemos aún quién fue el funcionario dictatorial que impuso a la escuela comercial de Palpalá el infame nombre de “Conquista del Desierto” (después le cambiaron el nombre, pero ignoramos el nombre del cagatintas que intentó, con esa nominación, justificar el exterminio patagónico en tiempos del exterminio de la última dictadura). Hoy, son pocos los trabajos que nos hablan de Dominga y su militancia, de Jaime y su aporte artístico y gremial, de Marina y su gran objetivo de construir un frente amplio de todos los trabajadores y de la militancia de Alicia en una localidad tan pequeña que no podía entrar en las memorias centrales.

Nosotros no olvidamos a Dominga, Jaime, Marina y Alicia. Ellos siguen enseñando porque sus reclamos de justicia aún no fueron escuchados.

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