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El Lobo cayó en casa y ahora tiene tres semanas para trabajar y reflexionar

Gimnasia y Esgrima de Jujuy lo hizo otra vez en su casa: volvió a jugar mal y a perder, esta vez por 1 a 0 contra Villa Dálmine, por la 5ª fecha del torneo de la B Nacional. El gol fue convertido en el primer tiempo por Pablo Burzio, un ex Lobo que tuvo un paso intrascendente por la institución. El visitante jugó mejor y mereció los tres puntos. El Lobo ahora tiene 21 días sin fútbol, primero por las elecciones del 22-O y luego, en el último fin de semana de octubre, por fecha libre. Recién juega los primeros días de noviembre, cuando visite a Los Andes en Lomas de Zamora.

La actuación de Gimnasia hizo recordar la 1ª fecha, ante Atlético Rafaela; pero jugando peor, porque ya está asimilada la idea del entrenador y lo que pasó es el que los intérpretes volvieron a tocar mal, mientras el Viola ocupó los espacios, presionado siempre sobre la salida del rival y solidario para recuperar la pelota.

A Gimnasia todo le costaba y mucho, jamás le encontró la vuelta al partido y nunca pudo contra su rival. Un equipo largo, entrecortado en sus líneas y un mediocampo ausente, cuando es fundamental para el esquema que plantea el entrenador Martín Astudillo.

Cuando nada hacía suponer que iba a pasar algo, un largo pelotazo cruzado y anunciado de derecha a izquierda lo encuentra a Jorge Córdoba muy solo por derecha (nunca se lo vio a Leonardo Ferreyra marcando), caminó unos metros con la pelota al pie, pateó y casi hace estallar el travesaño. En el rebote, apareció muy solo en el área chica Pablo Burzio, que sólo la tuvo que empujar al gol. 1 a 0, y en la foto del gol ni aparece su marcador Ignacio Sanabria.

Tras el gol, el Lobo fue para adelante. Pero solo puso en peligro al equipo Viola con tiros de larga distancia que resolvió muy Martín Perafán; primero salvó un disparo de Rodrigo Morales y luego se lució ante el fusilamiento añ que lo sometió Maki Salces.

Sin ideas, Gimnasia intentó empatar el partido pero agarró el camino equivocado, tirando pelotazos a la olla que solo produjeron el lucimiento de los centrales de Dálmine.

Los jujeños se fueron de la cancha bajo la reprobación de los poquísimos hinchas que fueron a versos, como casi siempre. Sin embargo, hay esperanza en el proceso que lidera Astudillo, quien ahora tiene tres semanas para trabajar y mucho en un plantel que, en los últimos dos partidos, se fue desdibujando.

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