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Empieza el Carnaval Grande: El pujllay sale de las fauces de la tierra

Con el desentierro del Pujllay, el diablito, comienza este sábado el carnaval jujeño. Compadres, comadres, padrinos y madrinas de comparsa, vecinos, amigos y visitantes se reúnen para liberar al diablo, compartir un almuerzo y empezar con todo este período del año que desde tiempos ancestrales celebra la reunión de todos, sin distinción de clase, origen ni condición. El sábado que viene será el entierro, hasta el próximo año.

La gran diversidad que contiene la provincia de Jujuy se replica en los festejos de carnaval. Pero todas las regiones comparten los bailes, el pin pin, junto con el Pujllay, que desde hoy gobierna y reina hasta el próximo fin de semana, cuando volverán a enterrarlo para que prepare a la madre tierra para agosto, cuando se celebrará a la pachamama.

En cada mojón donde se realiza la ceremonia está el Pujllay, representado por un vistoso muñeco multicolor que es símbolo de alegría y de los impulsos de la naturaleza que son reprimidos durante todo el año por las obligaciones de la vida cotidiana y que estos días se desatan de pronto con toda su vitalidad.

Los integrantes y seguidores de las comparsas de todas las poblaciones de la quebrada y la puna, que son regiones sobre todo agrícolas, llevan plantas de maíz y de girasol como símbolos de identidad.

Cada comparsa tiene el lugar de su desentierro establecido en un mojón donde se arma una apacheta, un montículo de piedras especialmente preparado, alrededor de la cual, en medio de cantos y danzas, todos juegan con papel picado, talco, espuma y serpentinas y, en ocasiones, hasta con fuegos artificiales.

Luego del desentierro, el diablo encabeza la caminata de la comparsa, al son de carnavalitos, cuecas y ritmos propios del folclore lugareño, recorriendo calles y plazas y cumpliendo con las invitaciones de vecinos y comerciantes para que permanezcan un rato en sus puertas.

En Jujuy es una fiesta de distensión, un encuentro de participación comunitaria: se mezclan ricos con pobres, empresarios con empleados y obreros, deportistas con intelectuales; hasta las parejas se dan una suerte de “licencia” para carnavalear tranquilos. En suma: todos se mezclan con todos. Por eso el talco o la pintura en la cara, para disimular la identidad. Por eso los diablos no muestran su rostro y distorsionan su voz.

Con el comienzo de las celebraciones carnestolendas, reina en el aire el aroma a los ramos de albahaca, casi todos los puntos de la provincia de Jujuy, donde las innumerables comparsas bailarán y estarán por aquí y por allá, casi sin descanso hasta el martes de chaya, que marca el final del carnaval grande.

En algunas zonas, sin embargo, la fiesta sigue por dos o tres fines de semana más, con el carnaval chico, el carnaval de las flores y algunas otras variantes.

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